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Primeros pasos
Un análisis comienza cuando un sujeto puede comenzar a descifrar su síntomas. Lo que implica que el síntoma sea puesto en forma, es decir, que el malestar o las dificultades que pueden llevar al sujeto a consultar, advienen un elemento enigmático a descifrar. El marco de la transferencia, es decir, de un saber supuesto al analista, permite esta puesta en forma del síntoma que implica aislar los significantes en juego en cada uno de ellos.
Este trabajo de interpretación constituye la dimensión terapéutica del análisis ya que permite la disolución de los síntomas, cuya materialidad es significante.
Pero conforme el análisis avanza el sujeto se topa con un hueso, con un real que resiste al trabajo de descifrado y de interpretación. Lo que permite verificar que no todo es simbólico para el psicoanálisis y que hay un resto inasimilable que se desprende de la cura misma. Freud lo nombró de distintas maneras: compulsión a la repetición, masoquismo moral, Superyó, incluso esta reacción negativa al progreso de la cura tan peculiar, que llamó «reacción terapéutica negativa» y que hace que un sujeto viva «la posibilidad de curarse como un peligro». Freud escribe en este texto incluso «satisfacción» para nombrar este núcleo de goce presente en el síntoma, lo que no equivale al placer ni a un bienestar.
Exploraremos estas formas en tanto encarnan distintas modalidades de lo que J. Lacan ha llamado el goce y cómo se articulan al fantasma fundamental del sujeto que encuentra su construcción y su consecuente atravesamiento hacia el final de la cura.
A partir de aquí el radio de acción de la palabra y de lo simbólico se encuentra limitado al toparse el sujeto con este real, y se trata de ver qué uso puede hacer el sujeto de este real que no se evacua, introduciéndonos así a una pragmática de este núcleo irreductible de goce producido por el análisis, al que Lacan le ha dado el nombre de sinthome.
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